Entrevista a Lorenzo Hernandez (I)

Lorenzo Hernandez y José Manuel Cruz

En el día de hoy, vamos a entrevistar al fotógrafo Lorenzo Hernandez, quien, el próximo 16 de febrero, inaugurará en Londres….con el nombre Arte en movimiento, una interesantísima exposición de la que hablaremos al final de la entrevista.Aunque dicha exposición es la excusa para la conversación, en el fondo quería tener una charla en profundidad con él porque sabía que su calidad como artista y su fascinante vida personal iban a dar un enorme juego.

Efectivamente, así ha sido. Porque la trayectoria vital y profesional de Lorenzo es un cruce de caminos donde nos encontramos muchas de las rutas más importantes de la cultura del siglo XX.

En el siguiente enlace, pueden leer la primera parte de entrevista con el despliegue completo de imágenes:

ENTREVISTA A LORENZO HERNANDEZ 1 EN PDF

P: Buenas tardes, Lorenzo. Para empezar, me gustaría que nos contaras cuál ha sido tu trayectoria como fotógrafo y qué fue lo que hizo que te empezara a interesar el mundo de la fotografía…

R: Bueno, en realidad yo no sabría distinguir mi trayectoria como fotógrafo de mi trayectoria como persona. Yo nací en Canarias, en Tenerife. Mi padre tenía un taller de impresión y era fotógrafo aficionado… A mí, por ser el varón de mayor edad, me hubiera tocado acabar encargándome del negocio… Pero mi padre recibía revistas extranjeras como las francesas Vu  o Regards o la americana Life.

Además, mi padre había encuadernado en tomos la revista Semana, que en los años 60 era una gran revista… Yo me enamoré de las fotos que aparecían en esas revistas… Y el efecto de esas fotos tiene mucho que ver con el hecho de vivir en una isla… Al vivir en una isla, ver esas fotos a mí me hacía soñar con el mundo que estaba fuera…

Yo soñaba con estar en Madrid, en Barcelona, en Londres, en París subiendo la Torre Eiffel… Además, yo, en esos años, estuve enfermo por una dolencia del corazón. Al estar obligado a guardar reposo, ese soñar con esos otros mundos fue una vía de escape que me influyó mucho en todo lo que hice después.

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P: Es decir, tú soñabas poco menos que ser Jean-Paul Belmondo en Al final de la escapada (1960) de Jean-Luc Godard, yendo a buscar a Jean Seberg mientras esta repartía el New York Herald Tribune

R: Efectivamente, algo así… Yo no me veía pasando toda mi vida al frente del negocio de impresión. Algo que fue muy importante es algo que me sucedió en el bachillerato. Mi padre me prometió, viendo todo lo que me interesaba el mundo de la fotografía, que si pasaba el examen de reválida, me regalaría una cámara de fotos…Fue el examen para el que con más entusiasmo estudié… Y, por supuesto, aprobé. Mi padre cumplió su promesa y me regaló una Halina, una cámara a la que le guardo mucho cariño.

Empecé a hacer fotografías por toda la isla. Si viera ahora esas fotos, les encontraría todos los defectos del mundo… Pero a mí me empezó a fascinar meterme en el cuarto oscuro y que durante el proceso de revelado, como por arte de magia, empezaran a aparecer las imágenes…

Aparte, eso de dedicarme a la fotografía y que pudiera mostrar el lugar donde trabajaba atraía a las chicas y me ayudaba a ligar… Pero yo seguía teniendo la inquietud de salir de la isla y visitar otros lugares. En mi caso, cada vez que he cambiado de ciudad, siempre he tenido una excusa para hacerlo.

En ese momento, a principios de los 80, me fui a Barcelona con la intención de estudiar publicidad en una universidad privada. Pero casi lo primero que hice fue buscar un estudio que quisiera contratarme y donde pudiera coger experiencia.

Encontré uno que se llamaba La cosa de la fotografía y donde había dos fotógrafos que se llamaban Eduardo y Ramón. Nunca me olvidaré lo que me dijeron el primer día de trabajo: “¿Qué quieres?¿Aprender a ser fotógrafo? Pues coge la escoba y empieza a barrer el suelo”. Es decir, empecé a aprender el oficio desde abajo. Y, además, acabé estando allí a tiempo completo porque los estudios de publicidad acabaron por aburrirme: no se estimulaba la creatividad y se buscaba que todo fuera siempre igual…

En ese estudio, se fotografiaban objetos con fines publicitarios… Usábamos cámaras tipo Hasselblad y Sinar (esta última, de placas). Aprendí cómo hacían para iluminar a esos objetos. Pero viendo cómo iluminaban los objetos, vi también cómo se podían iluminar a las personas… Y, además, empecé a utilizar la que siempre ha sido mi cámara preferida: la Nikon FM2… La verdad es que guardo buen recuerdo de esos años porque aprendí las cosas básicas de mi oficio…

P: Después de Barcelona, te fuiste a Londres, ¿no?

R: Sí. Como te dije antes, siempre he necesitado una excusa para cambiar de ciudad. En este caso, fue una chica. Me enamoré y me fui a Londres para estar con ella. Eso sería en torno al año 82. Después, aunque la relación terminó, yo me quedé allí.

En Londres, empecé a fotografiar moda, parte del trabajo en esa época está en mi libro MANIFASHION. Una cosa curiosa que siempre me ha pasado es que tenido la suerte de haber conocido a gente muy interesante con la que he podido entablar una gran amistad y que ha influido muy positivamente en mi vida.

Conocí en Londres  a un diseñador malasio llamado Citie Chan, que se dedicaba a hacer tarjetas pop-up, esas tarjetas que abres y aparece una figura tridimensional. Era gay y estaba metido en una relación donde su pareja lo trataba fatal. Citie me ayudó mucho ya que me consiguió muchos trabajos en los que después me hacía de traductor y, después, jugó un papel importante en que yo me marchara a Nueva York.

Pero, antes de llegar a ese punto, quiero hablarte de algunas de esas casualidades que han marcado mi vida.

En un momento dado, apareció un pariente que toda la familia creía perdido y que resultó que había montado varios negocios en Estados Unidos. Por medio de ese pariente, también contacté con otro pariente lejano, que se llamaba Melanio y que vivía en New Jersey.

Me fui hasta allí y resulta que lo que hacía Melanio era regentar un prostíbulo. Yo me quedé allí y todas las chicas se dedicaron como a protegerme. Yo me sentía como si estuviera viviendo en La pequeña, de Louis Malle. Pero después de un tiempo, como mis conocimientos de inglés eran limitados, Melanio y su mujer consideraron que lo mejor que podía hacer era irme a Miami.

Me metieron en un autobús que recorría toda la Costa Este y que tardó 36 horas en hacer todo el trayecto y en el que sólo iban hispanos. Durante todo el viaje, el bullicio fue constante pero tuve la suerte de conocer a Elaine del Castillo, una periodista cubana que vivía en París y que trabajaba en la revista Paris Match .

No fue hasta años después cuando este encuentro tuvo una gran importancia pero, de momento, mi estancia en Estados Unidos sólo había tenido carácter temporal y volví a Londres.

Pasado el tiempo, viendo lo mal que lo seguía pasando Citie con su pareja, un día decidí plantearle algo. Antes, tengo que decir que empecé a sentir algo que siempre que me pasa decido ponerle fin. Cuando estoy mucho tiempo en un sitio, me empiezo a sentir que estoy en lo que se llama la zona de confort. Y me digo que hay algo que está yendo mal. No me gusta acomodarme. Y estando en Londres, empecé a sentirme así.

De modo que estando un día con Citie, cogí una revista gratuita que repartían por Londres dedicada a los viajes y que se llamaba Time Out y le dije: “Mira, corta con todo. Vámonos de aquí. Nos marchamos al sitio que salga abriendo al azar esta revista”.

Aceptó, abrí la revista y salió Nueva York. Aunque, al final, Citie no dio el paso de irse de Londres, yo sí que me marché a Nueva York y mi estancia allí me marcó muy profundamente.

Lorenzo Hernandez

Lorenzo Hernandez

 

Entrevista de José Manuel Cruz a Lorenzo Hernandez – II

Entrevista de José Manuel Cruz a Lorenzo Hernandez – III

Entrevista de José Manuel Cruz a Lorenzo Hernandez – IV