Entrevista a Óscar Plasencia – Parte 2

Entrevista a Óscar Plasencia por José Manuel Cruz

P: ¿En qué ciudad naciste, Óscar?

R: Yo nací en una ciudad que se llama Rosario de la Frontera, en Salta.

Al poco tiempo, mis padres se fueron a vivir a una ciudad que está cerca de Salta, de la capital, que se llama Metán, que fue donde crecí.

Allí estuve hasta los quince años, aproximadamente, que fue cuando decidí, por esas cosas de la juventud, irme de casa y me fui a Buenos Aires a vivir solo porque quería, de alguna forma, vivir otros mundos, otras aventuras… Después, estuve, intermitente, volviendo a ver a mis padres, a mis amigos, pero la marcha ya estaba hecha…

Estuve viviendo varios años en Buenos Aires, que es una ciudad que me gusta muchísimo, una ciudad que amo muchísimo y, bueno, ahí fue donde estudié, donde establecí todos los contactos con gente relacionada con el cine, con arte, con pintores, con fotógrafos… Es decir, profesionalmente, yo me desarrollé en Buenos Aires.

P: ¿Y qué fue lo que, en tu caso, hizo que te interesaras por el cine?¿Fue una película?¿Fue un autor?¿Fueron unas circunstancias?

R: Para mí, el cine siempre fue desde niño ese lugar mágico donde quería estar todas las horas que pudiera. De hecho, cuando yo era pequeño y me portaba mal, mis padres descubrieron que, si me castigaban, no tenía mucho efecto, pero, sin embargo, si no me dejaban ir al cine, ya hacía lo que ellos quisieran con el fin de que no me castigaran de esa forma.

Entonces, por ahí empezó todo. Y, desde niño, desde los diez o doce años, yo estaba casi viendo dos películas tres o cuatro veces a la semana. Donde yo crecí, en Metán, había dos cines maravillosos. Uno de ellos, era el Cine Avellaneda que se parecía un montón al cine de Cinema Paradiso.

Pero, en ese momento, era como un lugar mágico, donde durante unas horas, tú te transportabas al país que quisieras, vivías las aventuras que querías… Hasta que, más o menos, sobre los quince años, descubrí, de forma casual, a Bergman y a Fellini.

Empecé a ver sus primeras películas. Y, ahí, me di cuenta que el cine era otra cosa, aparte de entretenimiento y de varias horas viajando… Descubrí que el cine era una forma de comunicación, que era como una especie de algo incluso mayor que la literatura… Y ahí me di cuenta que había un camino para contar cosas que era completamente diferente a lo que yo entendía hasta ese momento, que era un cine de aventuras, un cine de amor…

Esos dos cineastas me abrieron los ojos de que había otro tipo de cine, otra forma de comunicación, otro lenguaje… Y, ahí, inconscientemente, fue cuando yo decidí que quería hacer exactamente ese tipo de cosas. Después, con el tiempo, uno, evidentemente, ya toma la decisión, empieza a escribir las primeras cosas que están muy cercanas a esos dos cineastas.

Después, descubres otros cineastas que tienen su mundo propio… Descubrí un cineasta enorme, gigantesco, como es John Ford. Yo, al principio, veía el cine de Ford como un cine de aventuras hasta que me di cuenta que el cine de Ford era algo mucho, mucho, mucho más grande que eso, donde retrataba una serie de mundos, donde los personajes tenían vida, eran de carne y hueso, no eran de cartón piedra, las formas de contar la historia aparentemente eran de una simpleza absoluta pero, después, no era así en absoluto…

Entonces, empecé a escribir historias muy influenciadas sobre todo por Bergman y Fellini… Pero, con el tiempo, uno va viendo más cosas, desarrollando otros estilos… Te siguen quedando como cineastas de referencia pero empiezas a abrirte a otros creadores y ya empiezas a formar tu propio estilo.

P: Has hablado de Bergman, de Fellini, de Ford… Pero tú llegaste a conocer personalmente a Luis Buñuel, que también fue una figura que te impresionó bastante…

R: No solamente él. Yo, cuando lo conocía, era un absoluto admirador de su obra. Me parecía en ese momento y me sigue pareciendo uno de los más grandes cineastas de la historia del cine. Hacía poco que yo había llegado a España y él dio una especie de charla con preguntas y respuestas, en Madrid, en la plaza de Colón, en la parte de abajo, donde están los teatros, y fui con un amigo que él conocía.

Este amigo conocía a uno de sus hijos, a Juan Luis… Después de la charla que dio Buñuel, que fue muy divertida porque, dependiendo de las preguntas que a él le hacían, él escuchaba o no escuchaba. Él decía que era muy sordo pero a veces yo creo que se hacía el sordo. Y respondía algunas cosas y respondía a otras y se reía mucho con ese humor que tenía…

Después de ahí, nos fuimos, gracias a mi amigo, al Café Comercial, el famoso Café Comercial de Madrid, que, lamentablemente, lo han cerrado después de tantísimos años de ser uno de los cafés con más historia literaria de España… Ahí, estuvimos, más o menos, una hora, yo haciéndole mil preguntas y él riéndose de todo.

Pero lo que me sorprendió es que Buñuel tenía esa sabiduría de contestarte con dos o tres palabras, o con un chiste, o tomándote el pelo de la misma forma que lo diría un tipo que realmente se cree un genio. Él no se creía para nada eso. Nunca. Él siempre dijo que era un trabajador más, como podía ser un minero.

Como no tenía para nada ni ego ni nada por el estilo, él se reía de todo eso y contestaba de forma muy divertida. Lo mismo que otro tipo tiene un ego gigantesco y te contestaría cualquier cosa dando una cátedra, él se alejaba de todo eso.

Él contestaba de una forma muy sencilla, muy cómica y, realmente, fue un encuentro que, aunque no fue muy largo, me marcó mucho. Porque, no solamente es un cineasta de los pies a la cabeza, sino que es un creador. Y que, además, no es para nada ni un tipo ni pretencioso ni egocéntrico ni nada. Es como decía él: yo soy un trabajador, yo soy un tipo que hago películas…

Y esto también te marca luego para bajar a la tierra y, cuando consideras que este oficio es un trabajo, a pesar de que lo rodeen de oropeles y todo lo demás y hay mucha gente que se lo crea, pero es un oficio duro, muy duro también… Pero, bueno, ese encuentro me marcó mucho realmente con posterioridad…

P: Lo que me cuentas de Luis Buñuel es muy parecido a su cine… Es decir, su cine refleja su personalidad. Porque, frente a otros directores, como Bergman o Tarkovski, en los que podríamos decir que se nota que van de genios, en el caso de Buñuel es al contrario… A mí me parece uno de los narradores más ágiles que hay cinematográficamente hablando… Tiene una agilidad tremenda…

R: Exactamente. Y fíjate que le pasaba lo mismo que le pasaba a John Ford. Cuando a John Ford, por ejemplo en la famosa entrevista de Peter Bogdanovich, le preguntaban: “¿Y cómo llegó usted a Hollywood?”, él contestaba: “Pues llegué en tren. ¿Cómo iba a llegar?”. Le quita importancia a todo. Y Ford decía lo mismo: “Yo soy un trabajador. A mí no me pidas explicaciones de por qué pongo tal o cual cosa. Es cosa vuestra encontrar explicaciones. Yo me limito a contar una historia. Y punto.” Eso solamente lo hacen los grandes y que no tienen que recurrir a un montón de cosas exteriores para demostrar que son genios.

P: Es increíble ver una película como Viridiana, que dura 1 hora y 27 minutos. Y en ese tiempo te cuenta una historia. Hoy día, con dos horas y pico, a muchos ni les basta… Se tiene que saber mucho de cine para, en apenas hora y media, contar las historias que él contaba.

R: Sí, totalmente. Pero eso se debe a que son unos narradores puros. No hay nada que, en las buenas películas de esta gente, sobre. Está lo que tiene que estar para contar una historia. Y, encima, está bien contada. Tú dices Viridiana… Pero ves otra película que cambia radicalmente de género como Los olvidados

P: Los olvidados incluso creo que es más corta… Me parece que está en torno a los ochenta minutos… Y es una película impresionante.

R: Y Simón del desierto no llega a sesenta… Lo que pasa es que la han alargado un poquito luego… Por todo eso, yo creo que Buñuel es uno de los más grandes creadores. No por nada Hitchcock, Billy Wilder, Woody Allen, todos, tienen una admiración incondicional por Buñuel. Porque siempre dicen que están recurriendo a sus imágenes para crear. Incluso, hace poco leí una entrevista que le hicieron a Steven Spielberg y él hablaba de que su mayor influencia había sido John Ford.

Decía que tanto él como Scorsese en los rodajes tenían encima Centauros del desierto, una copia de la película, y que cuando estaban rodando, si se bloqueaban por alguna razón, se iban diez minutos a la caravana, se ponían Centauros del desierto en cualquier parte, donde cayera, y en esos 10 minutos, viendo esa película, encontraban solución al bloqueo siempre…

A mí personalmente me gusta más como cineasta Scorsese pero me refiero a que son dos cineastas grandes que, cada vez que se bloquean, ven Centauros del desierto… Eso te dice algo.

P: Por seguir tu trayecto biográfico, la primera película por la que a ti se te conoce en España es por el guión de Sus ojos se cerraron (y el mundo sigue andando) de Jaime Chávarri. Aquí converge una de tus grandes pasiones, la música, porque quien sepa se dará cuenta de que el título de la película es la letra de un tango de Gardel… La película va sobre Gardel y la escribiste con Raúl Brambrilla…

R: Raúl Brambilla es uno de mis amigos de mi infancia… Es uno de mis mejores amigos y un grandísimo director de teatro y escritor y dramaturgo y guionista de cine que vive en Argentina… Y, curiosamente, todos los guiones que hemos escrito juntos lo hemos escrito en la distancia… Antiguamente, enviándonos los borradores por carta y esperando el tiempo correspondiente para que llegara y lo corrigiera y, ahora, por suerte, con el tema de internet podemos corregir los guiones simultáneamente…

P: Es decir, es algo menos romántico pero más práctico…

R: Exactamente, exactamente…

Entrevista a Óscar Plasencia por José Manuel Cruz

Sus ojos se cerraron

P: Fue una película con un reparto excelente: Darío Grandinetti, Aitana Sánchez Gijón, Juan Echanove, Ulises Dumont, el propio Raúl Brambilla… En esta película, convergen muchas de tus preocupaciones, la música, pero también el tema de las personalidades múltiples: aparentamos ser una cosa pero somos otra…

R: Claro, totalmente. Y también el tema del doble: a veces, nos toca vivir la vida de otros… Esa es una influencia muy borgiana… Yo soy un admirador absoluto de Borges.

Y, evidentemente, algo se tenía que haber colado de esa influencia: alguien que tiene que vivir la vida de otro para ser otra persona, convencido de que, a lo mejor, siendo otra persona, puede ser feliz. Hay personas que se despojan de su personalidad creyendo que van, de alguna forma, a perderse a sí mismos y a encontrar otra cosa.

Que es un tema que una película de Woody Allen también toca: el falso documental Zelig. Zelig es un personaje que, para desarrollarse como persona tiene que ser otro porque su propia personalidad no tiene nada que pueda hacerle sentir seguro. Siendo otro, sí.

Sus ojos se cerraron se rodó en Argentina… Se barajaron dos directores. El productor, Andrés Vicente Gómez, barajó primero a Carlos Saura. Lo que pasa es que Carlos Saura le encantó el guión pero, en ese momento, le surgió un problema, creo que fue un problema de salud o algo así, no lo recuerdo bien, y no pudo hacerla.

El guión le llegó a Chávarri como segunda opción. Siempre me he preguntado qué hubiera pasado si el guión lo hubiera dirigido Saura pero el trabajo que hizo Chávarri no está mal. Yo no estoy contento con el resultado… Yo lo digo desde el punto de vista del guión.

El guión era mucho más rico. Tenía muchos más giros. Pero, bueno, tú ya sabes que cuando uno termina el guión, el trabajo ya deja de ser de uno y pasa a otra persona y a ver cómo lo interpreta la otra persona… Yo creo que es una película que no está mal pero creo que se perdió algo en el camino, algo importante…

P: De todas formas, yo creo que es una aproximación muy imaginativa al mundo de Gardel y a esa impresión que siempre sobrevuela sobre el cantante argentino porque la versión oficial de su vida dista mucho de su vida real, tal como mostró Horacio Vázquez Rial en la novela Las dos muertes de Gardel

Lo que ha pasado como versión oficial de su vida es pura ficción, más ficción de lo que cualquiera pueda imaginar y la realidad es mucho más dura y amarga… La película refleja el mito creado, que crece y va circulando, con independencia de cuáles fueron los hechos reales y refleja muy bien esa aureola mítica alrededor de su figura…

R: Exacto, exacto… En el caso de la película, lo que más me gusta es ese conflicto que tiene el personaje que, de alguna forma, admira como cantante a Gardel pero, en el momento en que él tiene que parecerse a Gardel para poder enamorar a una mujer, él se transforma en algo que, por un lado, que, de momento, le ayuda a tener más seguridad pero, posteriormente, todo eso se transforma en una condena hacia sí mismo cuando él deja de ser lo que es para convertirse en otra persona por amor.

Y eso a mí me gusta mucho. Porque, en el fondo, es una metáfora de lo que hacemos. A veces, por amor o por otras cosas, uno deja de ser quién es y eso es una gran condena también.

P: En definitiva, es una película muy digna. Está muy bien ambientada y los actores son todos de primera línea…

R: Luego, tuvo muchos premios. El Cóndor de Plata, el Premio de La Habana, en Finlandia… Siempre al mejor guión. Por alguna razón, no sé por qué, no tuvo premio ni el director ni los actores, que están muy bien, muy bien… Sobre todo, Darío Grandinetti y Aitana Sánchez Gijón… Pero, bueno, ya sabes cómo son estas cosas…