Relatos cortos de Ciencia Ficción – » Los Intrusos » – Capítulo 4

Aerocar

La mirada de Harry se clavó en suelo, sin querer prestar atención a las palabras que Yaba iba pronunciando como una especie de clavo que fuera penetrando lentamente en su cerebro….

– No sé de qué me hablas – dijo Harry-. Además, no me interesa… La cuestión es que hemos venido aquí para saber quiénes son los clones que están volviendo a poner en peligro la seguridad de nuestro planeta…

– Mire, agente Ford – dijo Yaba-. Si consideramos la verdad de todo este asunto, yo no he cometido delito alguno. En todo caso, una falta menor que se puede solventar con una leve multa…

– Repito… ¿Quiénes son los clones a quienes usted ha dado Tarjetas Complex falsificadas?

Yaba se volvió a sentar en la butaca que presidía todo el despacho, apoyó los codos sobre la mesa y entrecruzó sus dedos de modo sutilmente desafiante.

– Venga con pruebas y hablaremos… Mi organización es muy amplia. Es muy fácil que alguien haya hecho algo que no se ajuste completamente a lo que dictan nuestras sabias leyes. Pero sin pruebas, no sé de qué me están hablando…

Ford sabía que ese momento iba a llegar. Miró a Rip y le guiñó un ojo. Era la señal convenida. Sólo pasaron cinco segundos antes de que dos claros pitidos sirvieran para anunciar a todos qué acababa de suceder. El Identificador que portaba Rip Ley había conectado la señal de los dos chips que portaban los dos matones que hacían de guardaespaldas de Yaba.

El rostro de esos matones se ensombreció. Se dieron cuenta que se habían equivocado al no registrar a los dos agentes que habían entrado en el despacho de jefe. Apenas tuvieron tiempo de alejarse lo suficiente antes de que Ley sacara el Desactivador del interior de su chaqueta e inmovilizara a los dos sicarios, quienes cayeron al suelo en medio de convulsiones espasmódicas.

Pero si los agentes actuaron con rapidez, Yaba no les fue a la zaga. Accionado un pulsador camuflado en la pared, durante sólo un par de segundos se abrió una puerta oculta y se deslizó rápidamente hacia el interior de un pasillo oculto que se cerró tan velozmente como había aparecido. Ford reaccionó a gran velocidad y se dirigió al pulsador que había accionado Yaba. Pero la pared no volvió a abrirse. Por la ventana, pudo ver como un Aerocar despegaba de la azotea del Empire Club y se dirigía a las Autopistas Elevadas de Megápolis.

A través del intercomunicador que portaba en la solapa de su chaqueta, Ford se comunicó con la Central del Grupo Operativo.

– Atención, me dirijo a la puerta principal del Empire Club. Que el Aerocar que tenemos preparado, esté allí cuanto antes… Yaba ha escapado… Su chip está protegido de la acción del Desactivador… Tenemos que perseguir a Yaba y sacarle toda la información que tiene… Procedan a clausurar el Empire Club…

En ese momento, la voz de Bryant Zaius apareció de improviso en medio de la comunicación establecida.

– No, Harry, no… Perseguiremos a Yaba pero es mejor que dejemos el Empire Club tal como está… No podemos llamar la atención…

El clavo que introdujo Yaba en el cerebro de Ford había empezado a surtir efecto. ¿Sería verdad lo que le había insinuado, algo que él sabía perfectamente de qué se trataba?