Relatos cortos de Ciencia Ficción – ” Los Intrusos ” Capítulo 7 – Último Capítulo

Los Intrusos, relato corto de ciencia ficción de José Manuel Cruz

Se podía pensar que Harry tenía miedo ante la situación en la que se hallaba. Pero, en realidad,…. no era así. Él siempre supo que llegaría el momento en que se vería rodeado por un grupo de clones y que ese sería el punto final de su vida. Era su trabajo y ese desenlace estaba acorde con los riesgos que el mismo conllevaba.

Lo que no se esperaba era el tono sereno y tranquilo con el que Roger Howard hablaba.

– No nos esperábamos que un héroe como tú viniera a intentar acabar con nosotros. Pensábamos que vendría alguno de los mediocres agentes que ahora forman el Grupo Operativo. Que estés aquí, nos permite enfocar el asunto desde otro punto de vista.

Acabad pronto con esto – dijo Harry-. No merece la pena perder el tiempo…

– Te equivocas. Sí merece la pena. Por lo que sé, eres un tipo honesto, que cree en lo que hace. Por lo tanto, estoy convencido de que no tienes constancia de la verdad. Puedes sospecharla o intuirla. Pero no la has tenido en ningún caso, delante de tus ojos. Hoy, vas a tenerla.

– ¿Qué pretendéis?¿Engañarme?

– No. Pretendo que te unas a nosotros…

Harry se quedó de piedra.

– Debéis de haberos vuelto locos… ¿Cómo pensáis que un humano se va a unir a vosotros?

Roger Howard se rió.

– Vayamos por partes. ¿A ti no te extraña nada de lo que ves a tu alrededor?

– No sé de qué me debería extrañar – respondió Harry.

– ¿Cuándo fue la última vez que se produjo un cambio en el Ente Ejecutivo Mundial?¿Desde cuándo gobiernan las mismas personas?

– Estamos en un momento de crisis – dijo Harry-. Se está procediendo al desarrollo de una entidad que englobe a todos los planetas colonizados. Es normal que se tenga que proceder a suspender con carácter excepcional las normas que rigen la elección de nuestros gobernantes.

– ¿Qué opiniones discordantes oyes, Harry? – continuó Roger Howard-. ¿Quiénes son los opositores?¿Qué alternativas existen?¿Cuántos medios de comunicación hay que defiendan posturas diversas?

Harry Ford parecía estar desconcertado. No sabía qué contestar al clon.

– Harry, en el fondo de tu mente, conoces la verdad. Te niegas a admitirla pero es un hecho evidente. Vivimos oprimidos, aplastados por un poder absoluto que vigila nuestros movimientos y dirige nuestras conductas.

– Sois un peligro evidente – dijo Harry-. ¿Así es cómo vais a imponer ahora vuestra maldad?¿Introduciendo en nuestras mentes esos disparates para dividirnos?

– Harry, nosotros no queremos dividir. Queremos unir a todos para derribar a este régimen opresor. Fue este régimen quien nos dividió para imponerse.

– ¿De qué estás hablando?

Desde el año 2208, el proceso de clonación masivo dejó de tener lugar. No era económicamente rentable. Los seres clonados pasaron a formar parte del resto de humanos sin que hubiera ninguna diferencia ni pudiera distinguírseles.

En un momento dado, dejaron de nacer nuevos clones. Pero su existencia fue la excusa que utilizó el Ente Ejecutivo Mundial para imponer su poder. Había que colonizar muchos planetas nuevos, querían tener mano de obra barata y, sobre todo, debían aplastar a los que estaban en contra de sus políticas.

Lo que hicieron fue inventarse unos seres humanos de segunda categoría. Existían unos individuos malvados, los clones, los intrusos, que había que expulsar del planeta.

Sólo bastaba con cambiar la información del chip y que la misma dijera que el individuo era un clon. Ya no había forma de demostrar lo contrario. La familia de Yaba ya lleva muchas generaciones ayudando al Ente Ejecutivo Mundial y, por eso, sabe toda la verdad. Le dejan hacer a cambio de su silencio.

Harry Ford permanecía callado. En su interior, Roger Howard estaba diciendo lo que él había sospechado en su interior desde siempre.

– Mira, Harry… No sé si eres consciente. Pero has colaborado a la hora de matar a millones de seres humanos inocentes. Has colaborado en enviar a otros tantos millones a los confines más lejanos del Universo. Seres humanos cuya única culpa fue emitir una opinión crítica en un medio de comunicación, publicar un libro con un mensaje que no coincidía con el que quería imponer el Ente Ejecutivo Mundial, decir ante sus amigos que no estaban de acuerdo con la política que se estaba siguiendo, no demostrar suficiente adhesión a nuestros líderes, demostrar frialdad frente a los «éxitos» conseguidos… Tú, Harry Ford, eres un vulgar genocida…

Harry Ford empezó a llorar. Sabía que lo que le estaban diciendo era verdad. Nunca lo había querido admitir pero esos eran los hechos.

– ¿Sabes lo que sucede? Que, de nuevo, ha surgido una oposición y nos hemos empezado a organizar en serio. El Ente va a iniciar una nueva cacería y la excusa va a ser tu muerte…

Eres un héroe y la noticia de que unos clones te han asesinado va a generar tal conmoción que la pesadilla va a volver a empezar. Todo esto que han hecho contigo es una mera trampa. Sabían que ibas a ir a Yaba y que Yaba te iba a enviar aquí.

Nosotros no somos clones. Nosotros somos seres humanos normales y corrientes… Cada vez que alguno de nosotros caiga, cambiarán la información del chip y nos harán pasar por clones. Harry, tus amigos te han traicionado…

Harry Ford clavó su mirada en la de Roger Howard. Vacío, frustrado, sentía que toda su vida había sido un fracaso y una pura mentira.

– Harry, te ofrezco una salida. Únete a nosotros. Eres un buen luchador. Necesitamos gente como tú para conseguir el éxito de nuestra causa. Si tú te pasas a nuestro bando, ello será un duro golpe para los opresores. Ahora mismo, vamos a salir por la puerta trasera de la nave. No queremos matarte. Si quieres unirte a nosotros, no tienes más que seguirnos. Espero que así lo hagas.

Roger Howard y los suyos recogieron todos sus efectos y, poco a poco, se dispusieron a abandonar la nave industrial hacia no se sabe qué destino. Harry estaba de rodillas en el suelo, hundido por el remordimiento y con su mente hueca por la impresión.

Poco a poco, fue atando cabos. Palabras enigmáticas de sus jefes, órdenes sin sentido, temor constante a la opinión pública… Y supo que sólo podía hacer una cosa para poder tener alguna posibilidad de redención. Se levantó y siguió a aquellos hombres que eran, ni más ni menos, que iguales a él.

FIN